domingo, febrero 08, 2009

-- The Ephemeral. --


Montaña y bosque.

Luego, más abajo, en el valle, la villa.
Unas cuantas casas antiguas de fachada rústica, habitadas por generaciones y generaciones de campesinos marcaban la línea divisora entre los terrenos de la comunidad y los de la montaña. En el patio trasero de una de esas viejas casonas la característica fragancia de una vela encendida, en el interior de una lámpara de papel, se elevaba en forma de humo y, siguiendo los caminos de la brisa crepuscular, se internaba en la arboleda, flotando sobre los precarios peldaños de roca hasta el santuario shinto.

Desde un pasillo exterior un joven se encontraba sumido en la contemplación del paisaje, sentado junto a la lampara. Su mirada rigurosamente fija sobre la espesura sólo se permitía parpadear lo necesario, cuando repentinamente escuchó, entre los helechos del talud, ruidos de movimientos bruscos. Y por un instante vio una luz. No se encontró sorprendido ni temeroso, apenas apretó las manos sobre los muslos, pues probablemente conocía la causa de aquellos sonidos. Bajó de un salto los escalones, se arremangó el hakama para que no arrastrara en el lodo y sin ninguna precaución buscó entre las frondosas matas. Final mente no encontró nada.

No estaba satisfecho. Quería encontrar algo, lo que fuera.

Mientras arremetía furiosamente contra los helechos, una de sus mangas se atoró en una rama. Al tratar de zafarse vislumbró una diminuta rana, con la cabeza y la mayor parte del cuerpo hundidos en el fango. El lomo del pequeño animal reflejaba la escaza luz como si se hubiese agolpado toda en la verdosa piel. Posó con ligereza el pie sobre el aguado cuerpo de la criatura y, a pesar de las nauseas que sabía le provocaría, hizo presión. Aplastándola contra el suelo.

Frunció los labios cuando la rana, ya con las tripas de fuera, forcejeaba para liberarse de entre sus dedos. Vistas de cerca las entrañas, la sangre y la tierra asemejaban una densa sopa roja. Los ojos de la ranita yacían fuera de sus cuencas y relucían como el cristal. Pequeñas esferas color ocre.

...

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