lunes, enero 12, 2009

Kakera.

Un buen día cierto personaje se despierta precózmente sintiendose bastante muerto. Se observa con detenimiento las manos asegurandose de que se mueve por voluntad propia. Deambula por toda su casa forzando la mirada; sus ojos están bien pero podría juara que todo se ve más gris. Al toparse con otra persona murmura un "buenos días" que pasa desapercibido a los oídos ajenos. Nadie repara en su presencia y él no se inmuta. Ausente, regresa a su habitación y se sienta en el borde de la cama, con la mirada fija sobre un punto muerto en el piso. No lo percibe pero ha adquirido "el complejo del fantasma".

Desea irse a dormir, las noches anteriores no ha logrado descanzar nada. Cierra las cortinas y se recuesta, más el sueño le traiciona incluso en el día. Papá escucha el noticiero por televisión, mamá fríe huevos para el desayuno, el hermano tararea algo mientras se prepara para ir a la escuela, un automovil cruza la calle, el viento mueve las cortinas; todo este ruido acentúa el insomnio. No tiene otra opción que retomar la rutina.

Se sienta a la mesa, finjirá escuhar las charlas sobre el calentamiento global, la crísis económica y lo soprendente que fué que en los días festivos pasados hubo saldo blanco. Evidentemente ignorará las críticas de sus padres, ya sabe que es hora de que haga algo con su vida.

Se retirará de nuevo a su habitación encerrandose en su propia realidad. Afuera el mundo cambia, se mueve y se estremece. Allá afuera debaten los republicanos y demócratas, rige el fascismo y el autoritarismo. Pero a él ya no le interesa. Se hacen protéstas que piden acabar con la guerra pero a él los muertos no le aquejan. Vive en un purgatorio sin paraíso ni condena.

No se queja por que la vida no esté bien. Por esis deseos no cumplidos y las decepciones padecidas. Es afortunado, ya no sufre penas ni tristezas, ya no se emociona o siente alegría. Su alma solo se ve invadida por una insípida melancolía. No tiene ganas de hablar, ya no hace ni un solo ruido. Ya no sale ni frecuenta a las malas influencias que solía llamar amigos. Su madre dice que es un buen chico, que poco a poco va enmendando su camino.

Cada día su condición empeora. La gravedad de sus síntomas es constante y gradual. Al poco tiempo va perdiendo los vínculos en relaciones afectivas, sus actividades fuera de casa disminuyen al grado de puede pasar semanas sin salir del hogar. Al final pasó días sin salir de su habitación y al cabo de unos meses su existencia es solo una leyenda urbana...

2 comentarios:

Cho dijo...

Que lástima.

Anne dijo...

Lo que me haces hacer... ¿Apatía? ¿Es eso? Ya no he visto al pequeño personaje, supuse que seguía de viaje por ahí y no encerrado en la habitación, perdido en sus pensamientos. No lo dejes desaparecer, yo lo extrañaría horrores si decidiera hacerlo. A mí me gusta mucho, lo quiero mucho.

Oblígalo a seguir, oblígalo a buscar. Ya llegará el momento en que encuentre un verdadero motivo de vida que lo haga infinitamente feliz. Mientras tanto, con que siga respirando y conserve la fe me basta y sobra.

No te puedo decir que la historia es linda del todo (porque no es lo que yo leería el sábado en la mañana para iniciar bien el día), pero me alegra que la hayas escrito. Tu melancolía me invade, cariño. Puede que no hayas alcanzado el nivel en el estilo y que la redacción no sea de lo más pulcra, pero los sentimientos que eres capaz de transmitirme valen muchísimo.Te quiero. Un beso.