sábado, febrero 14, 2009

La marioneta de trapo.


Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo, y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero, en definitiva, pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.


Dormiría poco y soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundo de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás se duermen, escucharía mientras los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate…


Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón… Escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.


Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna.
Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…


Dios mío si yo tuviera un trozo de vida… No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer de que ella es mi favorita y viviría enamorado del amor.


A los hombres, les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.


A un niño le daría alas, pero dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos, a mis viejos, les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.


Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.


He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho a mirar a otro hombre hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.


Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo…


Gabriel García Márquez

domingo, febrero 08, 2009

-- The Ephemeral. --


Montaña y bosque.

Luego, más abajo, en el valle, la villa.
Unas cuantas casas antiguas de fachada rústica, habitadas por generaciones y generaciones de campesinos marcaban la línea divisora entre los terrenos de la comunidad y los de la montaña. En el patio trasero de una de esas viejas casonas la característica fragancia de una vela encendida, en el interior de una lámpara de papel, se elevaba en forma de humo y, siguiendo los caminos de la brisa crepuscular, se internaba en la arboleda, flotando sobre los precarios peldaños de roca hasta el santuario shinto.

Desde un pasillo exterior un joven se encontraba sumido en la contemplación del paisaje, sentado junto a la lampara. Su mirada rigurosamente fija sobre la espesura sólo se permitía parpadear lo necesario, cuando repentinamente escuchó, entre los helechos del talud, ruidos de movimientos bruscos. Y por un instante vio una luz. No se encontró sorprendido ni temeroso, apenas apretó las manos sobre los muslos, pues probablemente conocía la causa de aquellos sonidos. Bajó de un salto los escalones, se arremangó el hakama para que no arrastrara en el lodo y sin ninguna precaución buscó entre las frondosas matas. Final mente no encontró nada.

No estaba satisfecho. Quería encontrar algo, lo que fuera.

Mientras arremetía furiosamente contra los helechos, una de sus mangas se atoró en una rama. Al tratar de zafarse vislumbró una diminuta rana, con la cabeza y la mayor parte del cuerpo hundidos en el fango. El lomo del pequeño animal reflejaba la escaza luz como si se hubiese agolpado toda en la verdosa piel. Posó con ligereza el pie sobre el aguado cuerpo de la criatura y, a pesar de las nauseas que sabía le provocaría, hizo presión. Aplastándola contra el suelo.

Frunció los labios cuando la rana, ya con las tripas de fuera, forcejeaba para liberarse de entre sus dedos. Vistas de cerca las entrañas, la sangre y la tierra asemejaban una densa sopa roja. Los ojos de la ranita yacían fuera de sus cuencas y relucían como el cristal. Pequeñas esferas color ocre.

...

sábado, enero 24, 2009

Autopista de regreso a casa.

Parecía el zumbido de un insecto, el persistente sonsonete del motor del automóvil.
Los destellos del sol reflejado en el parabrisas también me recordaban las diminutas alas tornasoladas de una mosca.

lunes, enero 12, 2009

Kakera.

Un buen día cierto personaje se despierta precózmente sintiendose bastante muerto. Se observa con detenimiento las manos asegurandose de que se mueve por voluntad propia. Deambula por toda su casa forzando la mirada; sus ojos están bien pero podría juara que todo se ve más gris. Al toparse con otra persona murmura un "buenos días" que pasa desapercibido a los oídos ajenos. Nadie repara en su presencia y él no se inmuta. Ausente, regresa a su habitación y se sienta en el borde de la cama, con la mirada fija sobre un punto muerto en el piso. No lo percibe pero ha adquirido "el complejo del fantasma".

Desea irse a dormir, las noches anteriores no ha logrado descanzar nada. Cierra las cortinas y se recuesta, más el sueño le traiciona incluso en el día. Papá escucha el noticiero por televisión, mamá fríe huevos para el desayuno, el hermano tararea algo mientras se prepara para ir a la escuela, un automovil cruza la calle, el viento mueve las cortinas; todo este ruido acentúa el insomnio. No tiene otra opción que retomar la rutina.

Se sienta a la mesa, finjirá escuhar las charlas sobre el calentamiento global, la crísis económica y lo soprendente que fué que en los días festivos pasados hubo saldo blanco. Evidentemente ignorará las críticas de sus padres, ya sabe que es hora de que haga algo con su vida.

Se retirará de nuevo a su habitación encerrandose en su propia realidad. Afuera el mundo cambia, se mueve y se estremece. Allá afuera debaten los republicanos y demócratas, rige el fascismo y el autoritarismo. Pero a él ya no le interesa. Se hacen protéstas que piden acabar con la guerra pero a él los muertos no le aquejan. Vive en un purgatorio sin paraíso ni condena.

No se queja por que la vida no esté bien. Por esis deseos no cumplidos y las decepciones padecidas. Es afortunado, ya no sufre penas ni tristezas, ya no se emociona o siente alegría. Su alma solo se ve invadida por una insípida melancolía. No tiene ganas de hablar, ya no hace ni un solo ruido. Ya no sale ni frecuenta a las malas influencias que solía llamar amigos. Su madre dice que es un buen chico, que poco a poco va enmendando su camino.

Cada día su condición empeora. La gravedad de sus síntomas es constante y gradual. Al poco tiempo va perdiendo los vínculos en relaciones afectivas, sus actividades fuera de casa disminuyen al grado de puede pasar semanas sin salir del hogar. Al final pasó días sin salir de su habitación y al cabo de unos meses su existencia es solo una leyenda urbana...